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¡Con el demonio no se dialoga!

  • 15 feb 2016
  • 2 Min. de lectura

En su reflexión en la Misa por el primer domingo de Cuaresma que celebró en Ecatepec ante casi 400 mil almas -un millón en total contando las que estaban fuera de la explanada del Centro de Estudios Superiores- el Papa Francisco alertó sobre el peligro que tiene todo cristiano de caer en las mismas tentaciones con las que el demonio tentó a Jesús en el desierto.


En palabras improvisadas en la homilía, el Santo Padre explicó que en “el Evangelio Jesús no le contesta al demonio con ninguna palabra propia sino que le contesta con las palabra de Dios con las palabra de la escritura. Porque hermanos y hermanas metámoslo en la cabeza con el demonio no se dialoga, no se pueda dialogar porque nos va a ganar siempre, solamente la fuerza de la palabra de Dios lo puede derrotar”.


En la homilía, Francisco comentó las lecturas de la liturgia del día, en especial el Evangelio de las tentaciones a Jesús en el desierto, e invitó a no olvidar el regalo del Bautismo.


El Papa explicó que las tentaciones que sufrió Jesús son las mismas que tiene cada hombre y “que buscan degradar y degradarnos”: las riquezas, la vanidad y el orgullo. “Tres tentaciones que buscan degradar, destruir y sacar la alegría y la frescura del Evangelio. Que nos encierran en un círculo de destrucción y de pecado”, subrayó.


“¿Hasta dónde nos hemos habituado a un estilo de vida que piensa que en la riqueza, en la vanidad y en el orgullo está la fuente y la fuerza de la vida?, preguntó a los fieles.


El Santo Padre dijo luego: “sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero, la fama y el poder” y “por eso, la Iglesia nos regala este tiempo, nos invita a la conversión con una sola certeza: Él nos está esperando y quiere sanar nuestros corazones de todo lo que lo degrada, degradándose o degradando”.


Sobre el Bautismo, el Papa dijo que “la Iglesia nos invita a reavivar el don que se nos ha obsequiado para no dejarlo dormido como algo del pasado o en algún cajón de los recuerdos”.


“Este tiempo de Cuaresma es un buen momento para recuperar la alegría y la esperanza que hace sentirnos hijos amados del Padre. Este Padre que nos espera para sacarnos las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza y así vestirnos con la dignidad que solo un verdadero padre o madre sabe darle a sus hijos, las vestimentas que nacen de la ternura y del amor”.


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