Misioneros de almas
- 14 ago 2015
- 2 Min. de lectura

Muchas veces nos preguntamos ¿qué hago yo en este mundo? ¿Cuál es mi propósito de vida? Y tratamos de buscar la respuesta en muchas cosas y personas, probamos y probamos a ver cuál sería la respuesta que encontraremos para despejar esta duda.
Pero al final lo que encontramos siempre que satisface por completo la incertidumbre generada es DIOS.
Cuando comenzamos a poner nuestra mirada en las cosas de Dios, nos damos cuenta que encontramos en nosotros cualidades y acciones que nos generan tranquilidad y satisfacción, el poder ayudar a nuestros hermanos más necesitados con sus tribulaciones, angustias y problemas, genera en nosotros un encuentro con nosotros mismos, con nuestra utilidad de vida, con nuestras capacidades y con el mismos Dios que nos permite realizar estas buenas acciones caritativas.
Y es que todos tenemos una misión en la vida, fuimos escogidos por el mismo Dios para cumplirla:
“Antes de darte la vida, ya te había yo escogido; antes de que nacieras, ya te había yo apartado; te
había destinado a ser profeta de las naciones” Jeremías 1,5.
Por eso el deber nuestro es conocernos a nosotros mismo, ¿para qué soy bueno según mis capacidades? y a la vez cuando ya encontramos esto en nosotros ponerlo al servicio de Dios a través de nuestros prójimos y así cumplir con el encargo que Dios mismo nos dio.
Y muchas veces dudamos, tenemos miedo y hasta por pereza no realizamos lo que debemos hacer, pero Dios siempre está con nosotros apoyándonos y acompañándonos, haciéndonos fuertes en este camino de vida que debemos recorrer aquí en la tierra para llegar a la eternidad.
Una de las maneras de saber cuál es tu propósito o saber para qué fuiste creado, es realizando aquello que te da tranquilidad, aquello que te hace feliz, por lo que estás dispuesto a luchar para sacar adelante siempre, por ahí puedes comenzar pensando y examinando en tu diario vivir en estas cosas que realmente le aportan algo a tu vida y que desde lo que tú eres como persona
puedes realizar.
Por otra parte ya tenemos una misión principal y clara, es la gran comisión dada por nuestro Señor Jesucristo “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Marcos 16,15, cumpliendo con esto ya estamos realizando una gran labor y nuestro paso de vida por esta mundo no será en vano pues seremos MISIONEROS DE ALMAS, acercando a todo el que ponemos a que conozca la buena noticia de la salvación, de la esperanza, del amor, y se acerquen así a vivir una vida en Dios
que es quien nos da la fortaleza necesaria para enfrentar todo y para hacer todo lo que debemos hacer en este mundo terrenal.

























Comentarios