Un café diario
- 12 ago 2015
- 2 Min. de lectura

Ahora que ando por estos transitares de Dios, me doy cuenta que algo que me aferra más, que me engancha más a nuestro Señor, es en lo que Él siempre nos insiste, en lo que constantemente trabaja: en el Amor.
La verdad es muy difícil para mi creer en alguien que me ofrezca una “sociedad de libertad”, de “paz”, de “justicia”, que “casas para los pobres” y todo eso
porque simplemente me cuesta comerme el cuento.
Pero que llegue alguien que no conozco y haga como si lo conociera y que luego me proponga una sola ley, la del amor y luego me diga que le pertenezco, que quiere que mi corazón se una al suyo para ser uno sólo… ¡Esa oferta si me convence! pues yo si
creo en un mundo fraterno, de mirar con ojos limpios, de que el arma única sea el amor.
Por eso la propuesta que nos hace Dios, me hace entregarme cada vez más. Es que para mi es imposible resistirme a ese dulce que tanta falta hace en el mundo y más aún, en mi corazón.
Nosotros, hermanos míos, que poseemos ya de ese regalo de saber y conocer de Jesús, tenemos una enorme responsabilidad, esa de ser como Él, de ser Maestros y enseñar lo mismo que a diario nos enseña en SU PALABRA.
Es tiempo de que en nuestros quehaceres de la vida mostremos que existe la esperanza, la tranquilidad, la calma, el perdón, los amigos y la familia; no necesariamente gritando a los cuatro vientos que Jesús existe porque el contexto social ya no está para
eso, pero si con nuestros más sencillos actos de regalar sonrisas a los que conocemos y a los que no, de dar fuertes abrazos como saludo, de vivir siempre con alegría, de borrar el “qué dirán” y ayudar a los demás, de aconsejar, etc.
Hermanos, con toda mi alma he de invitarlos a que se tomen un café diario con Jesús, que se rían con Él, que le pregunten, que le cuenten sus chismes pues Él, no es ajeno a nuestro suceder ni a nuestra humanidad; en n, que la oración trascienda al punto de que Cristo se vuelva nuestro condente.
Así les aseguro, que Él dispondrá todo para seguir caminando hacia ese Apartamento Celestial.
Ah!!! Y eso si, nunca olvidemos incluir en nuestro café a María Santísima. Ella mira a su Hijo amado como diciéndole que nos conceda lo que tanto necesitamos. La Madre de Dios será siempre nuestra intercesora y también será una grata compañía a la hora tomarnos este té.

























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